jueves, 6 de mayo de 2010

Torredonjimeno, villa pujante y rica
El siglo XVI fue de franco crecimiento económico y demográfico para Torredonjimeno, como en general para todo el reino de Jaén y para toda Andalucía. Las primeras ordenanzas tosirianas, aprobadas por el emperador en el año 1538 (antes incluso de que se le concediera el status de villa), nos permiten imaginar a Torredonjimeno como una población dinámica y en expansión, pues nos hablan de su floreciente agricultura y ganadería, pero también de sus actividades comerciales: tiendas, tabernas, regatones, vendedores forasteros, etc., dedicándose una parte importante del texto ordenancista a la regulación de las ocupaciones de los almotacenes (encargados de velar por la adecuación de las pesas y medidas, de la limpieza de la plaza y tiendas y, en general, de la observancia de buenos usos en la actividad mercantil). Las ordenanzas nos dan noticia, también, de otras actividades económicas, como la recolección y fabricación de grana, el trabajo del lino, la extracción y cocción de yeso, obras de mejoras en las casas, empedrado de las calles, etc. En esta centuria la villa crece sobremanera, extendiéndose extramuros de lo que fue su perímetro amurallado: hacia el norte, trasponiendo la Puerta de Córdoba y la del Postiguillo; y hacia el este y sureste por las puertas de Jaén y Martingordo, respectivamente. En estos años el paisaje urbano de Torredonjimeno cambia completamente:
• En la primera mitad del siglo XVI se reedifica la ermita de Nuestra Señora de Consolación, próxima a la villa, según indica Ximena Jurado en su obra: con las limosnas y devoción de los fieles de aquella villa se ha hecho un templo muy capaz y costoso, que databa del año 1458, cuando se halló la imagen de la Virgen, y era un edificio pobre y tal vez en mal estado por las destrucciones de 1471.
• En el año 1526 se inicia la construcción del segundo templo parroquial de Torredonjimeno, el de la Inmaculada Virgen Santa María, autorizada expresamente por el emperador Carlos V cuando pernoctó en la villa, durante su viaje a Sevilla para contraer matrimonio, hospedado por su montero mayor y comendador de la Peña de Martos, vecino de Torredonjimeno, de quien parte la iniciativa de la edificación del nuevo templo. La consagración de la iglesia de Santa María tendrá lugar en el año 1529.
• En torno a 1560 se termina la construcción del convento e iglesia de Nuestra Señora de la Piedad, de monjas dominicas, fundación de don Jerónimo de Padilla, quien también edificó en la villa un colegio de filosofía y moral y otro de doncellas nobles, gozando este último de mucha fama en la época de Felipe II (la princesa de Éboli estuvo a punto de venir a formarse en él).
• En 1552 se inician las obras de ampliación y reedificación del antiguo templo de San Pedro, levantado por los primeros conquistadores, anejo a la fortaleza, y durante muchos años única iglesia de la villa. Las obras no se acabarán completamente hasta 1594.
• En 1584 se levantó la ermita de los Santos Médicos Cosme y Damián como acción de gracias por su intercesión, cuando se extinguió milagrosamente la epidemia de peste bubónica que afectaba a la villa.
• En 1604 se termina el convento de Nuestra Señora de la Victoria, de religiosos mínimos de San Francisco de Paula, cuyas obras se habían iniciado a finales del siglo anterior.
• En 1637 se inicia la construcción de las casas del ayuntamiento, el edificio consistorial de Torredonjimeno que se ha conservado hasta la época presente.
El auge constructor del siglo XVI y primera mitad del XVII es una muestra del desarrollo demográfico que experimentó la villa en esta centuria. Bartolomé Ximénez Patón en su obra La antigua y continuada nobleza de la ciudad de Jaén cifra en 2.000 el número de vecinos de Torredonjimeno en el año 1595. Hay que aclarar que en los recuentos demográficos anteriores al Catastro de Ensenada la población se computaba por vecinos, esto es, por familias, pudiendo ser éstas unipersonales, como en el caso de los religiosos. Sólo a partir de la segunda mitad del XVIII se inician los recuentos de población por almas o habitantes (en lo que España fue un país pionero). Para transformar el número de vecinos en la cifra de residentes es necesario, pues, aplicar un coeficiente multiplicador. Los valores más empleados en demografía histórica son 4 y 4,5 habitantes por vecino, pareciéndonos ambos elevados para aplicarlos al vecindario de Torredonjimeno, según la evidencia con que contamos en censos realizados siguiendo los dos métodos estadísticos.
Los 2.000 vecinos del año 1595 indicados por Patón representan unos 7.500 habitantes, aplicando un coeficiente transformador igual a 3,75. El número de casas, según esta misma fuente, era entonces de 1.600. Estas cifras tal vez sean exageradas, pues en el Vecindario General de la Corona de Castilla, realizado en el año 1591, el número de vecinos que se le asigna a Torredonjimeno es de 85 religiosos y 1.506 vecinos seglares que, aplicando el coeficiente anterior, darían lugar a una cifra de unos 6.000 moradores, si bien no podemos descartar que las cifras del Vecindario sean intencionadamente reducidas, pues en los recuentos de población con motivos fiscales las ocultaciones de habitantes y rentas eran moneda corriente. Fueran 6.000 ó 7.500 los pobladores de Torredonjimeno, estos años de finales del XVI debieron abarcar los momentos de máximo desarrollo demográfico de la villa, pues en el transcurso de todo el siglo XVII la villa tosiriana estará marcada por el constante declive poblacional, especialmente en su segunda mitad. Habrá que esperar hasta bien entrado el siglo XIX para que Torredonjimeno vuelva a alcanzar la cifra de hogares propuesta por Patón.
A mediados del quinientos Torredonjimeno va a conseguir su emancipación jurisdiccional de la villa de Martos. Hasta entonces, y desde tiempos de los Reyes Católicos, Torredonjimeno había gozado de jurisdicción civil, aunque no criminal. Será en el año 1558 cuando Torredonjimeno alcance plena autonomía jurisdiccional, a través de una negociación directa con la Corona (no olvidemos que el administrador de la Orden de Calatrava era el rey, Felipe II), mediante la cual Torredonjimeno adquiere la condición de villa y su jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero mixto imperio. La carta-puebla o privilegio de villazgo, del que hablaremos más adelante, lo va a conceder el monarca a cambio de un servicio dinerario, en concreto, a cambio de 9.000 ducados (3.375.000 maravedíes), cantidad nada despreciable entonces, que pagará la nueva villa en dos plazos, en ese mismo año, recaudados mediante repartimiento entre sus vecinos.
Torredonjimeno, al igual que otras muchas aldeas y lugares de la época, debió manifestar gran interés en eximirse de la jurisdicción de su cabecera, Martos. A lo largo del reinado de los Austrias fueron muchas las poblaciones que se separaron de sus villas y ciudades. Los servicios pagados en efectivo por los lugareños, con que se compensaban estas regias mercedes, llegaron a constituir una importante fuente de ingresos para la Real Hacienda. No eran pocas las humillaciones y extorsiones de toda índole que sufrían los lugares de sus localidades cabeceras, especialmente teniendo en cuenta la autonomía y amplias competencias de que gozaba entonces la autoridad municipal. Las arbitrariedades de los cabildos eran muy variadas: en materia de justicia, impuestos, penas, ordenanzas del campo, etc., mientras que las posibilidades de recurso a instancias superiores por parte de las aldeas oprimidas eran muy escasas, lentas y costosas. En estas circunstancias, la separación de Martos y la posibilidad de elegir sus propios alcaldes y demás oficiales concejiles, debió suponer la lógica consecuencia del proceso de desarrollo económico y demográfico de Torredonjimeno en estos años del quinientos.

2 comentarios:

  1. Le felicito por su gran trabajo sobre la historia de mi pueblo. Conocía parte de su obra a través de la Web del periscopio digital, deseo que siga publicando más entradas sobre la historia de Torredonjimeno.
    Un saludo, Miguel Ureña Padilla.

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  2. Cuantos años han pasado desde que te dedicabas de lleno a estos "menesteres". El pobre abuelo Mateo que desgraciado fué. Y yo acabé hasta el moño de los Ureña y de los muertos que figuraban en el libro de defunciones... ¿te acuerdas?. Lucha para que te publiquen el libro.
    Un beso de tu esposa, Rosa

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