miércoles, 5 de mayo de 2010

Torredonjimeno en 1752 (cont.)

La Orden de Calatrava
El año de 1493 es una fecha clave en la historia de Torredonjimeno y demás posesiones de la Orden militar de Calatrava. Hasta entonces, la jurisdicción señorial de la Orden sobre sus territorios era ejercida por el maestre de Calatrava, su más alta autoridad jerárquica y a quien todos los caballeros y religiosos calatravos realizaban voto de obediencia. El maestre era elegido entre sus miembros por los caballeros de la Orden, reunidos en Capítulo General, y en no pocas ocasiones de forma conflictiva, pues el poder que proporcionaba el rango de maestre suscitaba las apetencias de las distintas banderías y facciones nobiliarias que agitaron casi permanentemente la baja edad media castellana. Los maestres eran elegidos entre la más alta nobleza, que integraba las principales dignidades de las órdenes, los comendadores, gozando así las grandes familias del enorme poder y sustanciosas rentas generadas por las mejores encomiendas.
La Orden de Calatrava, sus jerarquías y territorios, gozaban de plena autonomía jurisdiccional, pues en lo temporal y en lo espiritual dependían del papado y no de los monarcas castellanos, quienes no tenían autoridad sobre la Orden, ni sobre sus villas y lugares. Con su enorme poder, materializado en vasallos, ejércitos, encomiendas, rentas, fortalezas y territorios, la Orden de Calatrava llegó a constituir una especie de estado dentro del estado, poniendo en jaque, en muchas ocasiones, a la autoridad real. No es extraño, entonces, que los monarcas castellanos intentaran ingerirse en los capítulos electivos de los maestres, imponiendo, en los momentos en que la autoridad regia no estaba menoscabada, candidatos afectos a la facción real. Durante la mayor parte de la edad media castellana, las órdenes militares participaron activamente en las intrigas políticas y rebeliones nobiliarias que se repetían frecuentemente, coincidiendo con períodos de decaimiento del poder real. Las luchas contra facciones rivales protagonizadas por los maestres de las órdenes tuvieron un auténtico cariz de guerra civil. En no pocas ocasiones, los enfrentamientos entre vasallos de la Orden de Calatrava y habitantes de señoríos particulares y tierras de realengo devinieron en verdadera guerra abierta. Los moradores de Torredonjimeno, como vasallos de la Orden, se vieron embarcados en aventuras guerreras crudelísimas, siguiendo a su señor, el maestre de Calatrava o el comendador de Martos, contra otras poblaciones de cristianos, como en el cerco a la ciudad de Jaén, o la destrucción de Villa Real (la actual Ciudad Real), entre otras poblaciones, en las que se saqueaban y quemaban pueblos, se talaban campos y se pasaba a cuchillo a multitud de compatriotas. No debieron ser pocos los tosirianos que perdieron sus vidas y haciendas a lo largo del medievo siguiendo a su señor, el maestre, en estas expediciones bélicas, que no respondían a otra cosa que a la ambición desmedida de aquellos nobles.
En 1493 Alejandro VI concede la administración vitalicia de los maestrazgos de las órdenes militares, entre ellas la de Calatrava, al rey Fernando el Católico. A su muerte, los caballeros de Calatrava tratan de elegir un nuevo maestre, pero el pontífice León X concedió en 1515 el maestrazgo al príncipe Carlos, en los mismos términos que a su abuelo el rey Fernando. En 1523 Adriano VI establece la incorporación perpetua de los maestrazgos a la Corona castellana. Desde entonces, la administración de la Orden de Calatrava no se apartará de la jurisdicción real, ya que desde aquella fecha los maestres de la Orden fueron los reyes de España. Esta acertada decisión del papado al inicio de la época moderna acabó con la tradición de banderías y rebeliones casi permanentes de los maestres y sus caballeros. Rades y Andrada, en su obra Crónica de las Tres Ordenes, expone el beneficio que se derivó de la administración perpetua otorgada por el Papa, tanto para la Corona como para los vasallos de las órdenes:
… muchas causas se propusieron de parte del emperador don Carlos al Papa Adriano VI para moverle a que anexase perpetuamente los maestrazgos de Santiago, Calatrava y Alcántara a la corona real, y la más urgente fue significando las grandes alteraciones que muchas veces se recrecieron en estos reinos sobre elegir maestres, con grande daño de los vasallos de las órdenes y distraimiento de los freyles, cavalleros y clérigos. Propúsose, asimismo, que como los maestres eran tan poderosos en estos reinos, muchas veces daban favor a los que levantaban algunos bandos, o hacían otros movimientos, y por esta vía solían venir los negocios a rompimiento de guerra. Todo esto se pudo decir con muy cierta relación, como se ve manifiestamente por lo que en esta crónica de las tres órdenes se dice, y cotejando el desasosiego que ya en los postreros maestres hubo, con la quietud en que las órdenes están después que no los hay, se verá la utilidad de haberse anexado los maestrazgos.
Desde la época de los Reyes Católicos, por tanto, los territorios de las órdenes vinieron a tener prácticamente la misma condición jurídica que las tierras de realengo, directamente bajo la autoridad del rey, sin dependencia de otro señor alguno. Los reyes ejercieron la administración de las órdenes a través de su Real Consejo de Ordenes, compuesto por un presidente y varios oidores, militantes todos ellos en las tres órdenes. El Consejo fue el organismo que efectivamente gobernó los territorios de las órdenes militares, realizando a la vez funciones judiciales y asesorando a los monarcas en el ejercicio de su jurisdicción sobre los pueblos dependientes del Consejo.
En 1495, siendo ya maestre en administración el rey don Fernando, los Reyes Católicos vuelven a manifestar interés por Torredonjimeno. Por aquellas fechas no era infrecuente que las justicias cometieran todo tipo de tropelías y abusos con las mujeres y hombres sometidos a su jurisdicción (recordemos el suceso de Fuenteovejuna, en esta misma época). En Torredonjimeno se realizaron abusos notorios por parte del alcalde mayor, vejando a vecinos, forzando a mujeres casadas, y otros desafueros por los que la villa se iba despoblando de su vecindario. Así, se conserva un documento en el que Sus Altezas los reyes mandan al corregidor de la ciudad de Jaén que haga información en Torredonjimeno sobre los vecinos que se han ido y que se van de los lugares que la Orden de Calatrava tiene en Andalucía.
Otros cambios, que afectaron profundamente a Torredonjimeno, vendrían a ocurrir también en los últimos años del siglo XV. Desde el reinado de los Reyes Católicos el entonces lugar de Torredonjimeno disfrutó de jurisdicción civil, aunque no criminal:
1) de forma privativa en su casco urbano y en un territorio amojonado que le circundaba, al que se le va a conocer como los Cotos o el Coto;
2) e indistintamente, junto con Martos y demás lugares del partido, en el resto de los términos comunes.

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