Conquista y repoblación
Es a raíz de su conquista por los castellanos cuando, rompiendo con su pasado musulmán, aparece una villa de Torredonjimeno distinta, de la que arranca la historia de esta ciudad tal como la conocemos actualmente. Es en junio de 1225 cuando el rey Fernando III el Santo entra triunfante en la villa de Martos, tras haberla recibido junto con su territorio (en el que se incluía la aldea tosiriana) de su vasallo el rey moro de Baeza. De esta manera, Torredonjimeno pasó a encontrarse en el centro estratégico de la frontera cristiana con el reino enemigo de Granada. Cuando llegan los primeros fríos invernizos el rey Santo se retira a su ciudad de Toledo, y deja la fortaleza de Torredonjimeno al mando de uno de los trescientos infanzones de la frontera giennense, don Jimeno de Raya, personaje de quien tomará nuevo nombre la vieja Tosiria. Al año siguiente, en 1226, la población musulmana abandona Torredonjimeno, que queda despoblada durante algunos años. Pero pronto empiezan a llegar los colonos castellanos, antepasados de sus actuales habitantes, sobre todo después de la conquista de Jaén en 1246 y del traslado a la ciudad de la sede episcopal, que con anterioridad se encontraba en la ciudad de Baeza.
En 1227 tuvo lugar en Martos el suceso que dio vida a la leyenda de la valerosa condesa. Alhamar, el rey moro de Granada, puso cerco a la peña cuando su alcaide se encontraba en Toledo negociando con el soberano el envío de pertrechos a la villa. La plaza se salvó, dice la leyenda, gracias a la astucia de la alcaidesa, pues situó a sus dueñas y doncellas en las almenas del castillo, armadas con corazas, cotas y cascos guerreros, lo que disuadió a los granadinos de su empeño y les hizo levantar el cerco. El 8 de diciembre de 1228 el rey Fernando dona a la Orden y Caballería de Calatrava la villa de Martos y todo su territorio, cesión tal vez motivada por los incidentes que recoge la leyenda. Desde esa fecha hasta 1835, en que se extinguieron las jurisdicciones civiles de las órdenes militares, Torredonjimeno tuvo a su señor natural en la Orden de Calatrava.
En 1251 ya deben haber llegado los nuevos habitantes que repueblan Torredonjimeno, pues en esas fechas surgen las primeras fricciones por la delimitación de términos entre los pobladores de Torredonjimeno y Jamilena, pertenecientes a la Orden de Calatrava, y los del Villardompardo y Torredelcampo, o Torrecampo, aldeas de la ciudad de Jaén, recién conquistada. Es tanto el interés del rey Fernando en mantener la paz entre los nuevos colonos que, a pesar de hallarse próxima la hora de su muerte, viene hasta Torredonjimeno para fijar personalmente los límites de los términos. El mismo lo explica así en su privilegio: ...et yo, por sacar contienda de entre ellos, fuy a aquellos logares et andúvelos todos por mío pie, et fiz fincar moiones en estos logares que dize este privilegio, andando conmigo el maestre de Calatrava et sus freyres et omes bonos por el conceio de Jahén... Este privilegio demuestra, además, que en esas fechas no quedaban habitantes musulmanes en Torredonjimeno, pues los términos son fijados de común acuerdo entre las partes y no como era costumbre en otras poblaciones de la comarca, en las que los límites territoriales se establecían siguiendo los que habían existido durante la dominación islámica, para lo cual los conquistadores cristianos se valían de moros omes buenos y fieles, que fuesen sabedores de los términos por do eran, como sucedió en Baena, Luque, Porcuna, Alcaudete, etc.
Durante el siglo XIII y los dos siguientes el territorio de la Orden de Calatrava en el Andalucía, como se conocía a esta comarca (también llamada el partido de Martos), fue azotado por las razzias de los musulmanes. Cualquier signo de debilidad o desunión entre los castellanos era aprovechado por los granadinos para atacar las fronterizas posesiones de la Orden. En 1275 los benimerines norteafricanos invaden Andalucía. Entraron en el reino de Jaén por las tierras de la Orden, destruyendo campos, arrasando casas y llevando cautivos a multitud de cristianos. Estando los moros acampados a las puertas de Torredonjimeno, el arzobispo de Toledo, infante de Aragón y cuñado de Alfonso X, decidió atacarles. Sufrió un grave revés, pues cayó prisionero junto con otros caballeros. Mientras disputaban granadinos y norteafricanos sobre quién de ellos presentaría al rey de Granada un cautivo tan importante, fue muerto por uno de los moros para evitar así desacuerdos entre los aliados. Llegaron los refuerzos castellanos cuando ya era demasiado tarde, pero hicieron retirarse a los musulmanes probablemente hasta lo alto del cerro Calvario, donde acamparon aquella noche. A la mañana siguiente los moros levantaron el campamento y escaparon a tierras granadinas. Ese mismo año Aben Yucef, el rey de Marruecos, reembarcaría con sus tropas en Algeciras de vuelta a su reino.
A lo largo de los siglos XIV y XV la frontera del reino de Jaén en general, y el territorio de la Orden de Calatrava en particular, sufrieron saqueos y destrucciones. La ciudad de Jaén, por ejemplo, fue completamente arrasada e incendiada en el año 1368, y todos sus habitantes pasados a cuchillo, excepto los pocos que pudieron refugiarse en el castillo. El 29 de septiembre de 1471 los granadinos arrasan las poblaciones de la Higuera de Calatrava y Santiago de Calatrava, lugares, también de la Orden, limítrofes con Torredonjimeno. En su retirada, los musulmanes sitian la bien murada villa tosiriana, a la que someten a un intenso fuego artillero. De este cerco las murallas que rodeaban a la villa quedaron muy quebrantadas. Sin embargo, Torredonjimeno resiste valientemente y los agarenos no consiguen entrar en el núcleo urbano. El texto de los Hechos del condestable don Miguel Lucas de Iranzo es fiel testigo de los momentos de aflicción que vivió en esos años esta parte de la frontera giennense:
...los moros arrasaron dos lugares, al uno dicen Santiago y al otro la Figuera de Martos, que están a una legua de la villa de Porcuna. Los quales fueron entrados y robados y quemados de todo punto, y presos y muertos los onbres, mugeres y niños que en ellos avía, salvo algunos que en una torre de la dicha Figuera se salvaron. Y no perdonaron algunos onbres y mugeres que a la yglesia se retrayeron, ni a un clérigo que revestido estava, que tantas y tan grandes feridas les dieron en las caras y por todo el cuerpo, que no era persona que a la ora los vido ninguno pudiese conosçer...
De la destrucción de la Higuera y Santiago de Calatrava nos ha quedado también el testimonio del propio condestable, plasmado en la carta que dirigiera en demanda de socorro para el Santo Reino al papa Sixto IV:
...quemaron dos lugares, robaron los ganados dellos, robaron las faciendas, qué digo, robaron más quemaron, que fue peor. Mucha de la gente, que por ser en domingo y ser en amanesçiendo, los tomaron dentro en sus camas, y tal priesa el fuego les dio, que se quemó grand parte dellos. Y los tristes que escaparon, como salían fuyendo del fuego, cayan en las armas de los crudos y fieros moros, que con tanta feroçidad los reçebían que les arrebatavan de los braços los fijos, les arrestravan de los cabellos las fijas, las doncellas desonrravan, forçavan las casadas, o a lo menos, maltrayan los padres ante los fijos, los fijos ante los padres crudamente despedaçavan, y todo, en fin, lo vañavan de sangre de cristianos. Ni perdonaron a la sagrada iglesia, mas aquélla por fuerça entrada, y ensuciada de mucha sangre, llegaron al altar y al saçerdote revestido y un monge, que avíen dicho misa, dieron tantas y tan fieras feridas que ninguna figura de onbres en ellos quedó. Acochillaron las santas ymágenes, desonrraron el cruçefixo, la devota figura de Nuestra Señora quemaron, blasfemaron el nombre de Cristo, profanaron su tenplo santo, arrastraron las reliquias y ningund linage de ynjuria supieron que a Cristo dexasen de facer...
Estas narraciones deben darnos idea de los temores y sobresaltos cotidianos de los giennenses habitantes de la frontera. Aunque Torredonjimeno no fue tomada al asalto por los granadinos, como los dos pueblos vecinos, las pérdidas en bienes materiales y vidas humanas no debieron ser despreciables. Los moros se llevaron como botín de guerra todos los ganados que se encontraron en la campiña y huertas, así como a todos los cristianos que sorprendieron fuera de la villa, conduciéndolos a la ciudad de Granada para su venta como esclavos. Éste fue el triste final de dos de las hijas del alcaide de la fortaleza de Torredonjimeno, Santa Juana y Santa María, a quienes la tradición sitúa lavando en la Fuente de Afuera, cerca del puente romano, cuando fueron sorprendidas por el ataque de los moros. En la carta de privilegio que los Reyes Católicos otorgaron al alcaide se describe así la entrada de los agarenos:
... en enmienda de los robos, e daños, e pérdidas, e males de vuestra facienda que por el rey e moros de Granada, enemigos de nuestra Santa Fe, habéis recibido e recibisteis en muchas vegadas por guardar el dicho castillo, e señaladamente el año de mill e quatrocientos y setenta y uno que el rey pagano Muley-Albacén, rey de Granada, nuestro adversario, en la entrada que hizo en nuestros reinos por aquella frontera, se llevó cautivos de la torre de la Higuera todas las gentes que pudo tomar, e llevó dos hijas vuestras, con otras muchas deudas que a la ocasión ende fincaban, e vos, por cuidar del dicho castillo de la Torre Don Ximeno, que erades tenudo de lo guardar, non curaste de las guacir, e que ellos derramaron su sangre por la Fe en aquella ciudad ...
En el reinado de los Reyes Católicos, y de forma destacada durante la guerra de Granada, todas las poblaciones de la frontera aurgitana cobran una inusitada importancia estratégica. Torredonjimeno no va a ser una excepción, y los nuevos monarcas le dedicarán especial atención: se conserva una providencia de los Reyes Católicos, dada en Arjona en el año 1480, por la que mandan al vecindario de esta villa que ayuden a los de la Torre Don Ximeno a facer los reparos y aumentos de las muralllas que cercaban la villa, después de las destrucciones efectuadas en 1471.
martes, 4 de mayo de 2010
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Interesante....
ResponderEliminarGracias por sus apuntes históricos. Mwe gustaría conocer, si es posible, la fuente de donde obtiene el privilegio concedido por los Reyes Católicos al alcaide del castillo tras el ataque nazarí de 1471. Gracias, en cualquier caso, una vez más.
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